martes 9 de febrero de 2010

La Dilapidada Vida de Simón Cuchito (Capítulo 4)

En nuestra casa, que mediaba en la zona que en Tacará se conocía como el alto, se celebraban tertulias los sábados y entre empanadas, pastelitos y grandes candelabros de plata se fraguaban revoluciones de salón y se concertaban casorios. Todos en el barrio la conocían como la casa grande y la definición tenía de ingenua lo que tenía de verdadera. Con no menos de cincuenta piezas y una docena larga de salones, algunos de ellos albergaban los mejores tapices de la Colonia y era orgullo familiar desde hacía más de un siglo.
Mi madre, doña Purificación, Purita para la familia, oficiaba como la viuda de gran señor que era. Siempre con sus vestidos largos hasta los pies armados con incomodísimas enaguas de volados, confeccionados generalmente por sus esclavas o comprados, las menos de las veces, en Londres para las grandes ocasiones. Siempre llevaba peinetones con delicadas mantillas, abanicos y sombrillas para el sol. En su juventud fue una de las bellezas locales y hoy comandaba dignamente esa tierra angosta de lo retenido sin demasiado esfuerzo.
Los mocitos de la casa llevábamos levita, camisas con volados, pantalones angostos o, en ocasiones, polainas, galera y bastón con puño de metal. Bebíamos mate amargo del que llamaban cimarrón preparado en calabaza curada con yerba y las damas mate dulce también cebado en una calabacita pero curado con azúcar quemada que los americanos de Tacará llamaban sugar cane. Cuanto más hombre, más amargo el mate. Yo siempre me sentí avergonzado en silencio, porque prefería el dulce de mis hermanas que bebía a escondidas para quitarme el mal sabor.
Fue un sábado, creo recordar en que se celebraba la fiesta del Sacramento, por mal nombre fiesta de las llamadas, cuando comenzó a enturbiarse eso inefable que llamamos el futuro. Los charangos recorrían las calles haciendo el mayor ruido posible, turbamulta que comenzaban con la propia elección de sus nombres de guerra, tronar de tambores, Kimbará, Sarabanda o sandeces de ese pelo.
La víspera había caído una tromba de agua y viento que había obligado a la autoridad a suspender las llamadas. Todos tomamos las calles el día siguiente con ganas renovadas. Tacará vibraba entera a lonja y madera.
El intendente don Secundino Zimmer, organizador del festejo por cuarto año consecutivo había llegado a casa de mi madre del brazo de su acompañante habitual el bailarín Julio el Canela, que se sabía claramente en sociedad que compartía mucho más que limusina y mantel. Siempre es mejor celebrar fiestas, que guerras, decía el canelita, con ese acento sarasa que tanta gracia nos hacía.
El broche de oro lo pusieron los fuegos artificiales y la murga curtidores del congosto que actuó, especialmente invitada, como oficiantes en el alto. Doña Purita, mi madre, que siempre nucleaba todo evento que se preciase en el barrio, lanzó el pañuelo a los carnavaleros desde la balconada de la casa grande y dio por inaugurada, con el sutil gesto, la noche más permisiva del año, mientras las madres temían los estupros generalizados con la misma violencia que otros los deseábamos.

miércoles 20 de enero de 2010

La Dilapidada Vida de Simón Cuchito (Capítulo 3)

En la colonia, y la colonia era no mucho más que la propia Tacará, porque el resto no eran más que pasto de indios y negros cimarrones, de los que no se podía esperar nada mejor que una buena puñalada; las clases sociales estaban tan divididas que podías perfectamente convivir en el mismo espacio y desconocer tranquilamente su existencia. Era tal que estar desnudo frente a una maceta. El pudor no es algo que puedas sentir frente a lo que no consideras tu igual.
Los negros eran traídos en barcos inmensos desde Angola y Mozambique y en tales condiciones que solían llegar vivos solo uno de cada cuatro de las lejanas casas de esclavos. Tanto era así, que a los que mercaban con ellos en el puerto chico les solían tener, tras el desembarco, unos días con comida y jergón de paja seca para que mejorasen el melancólico aspecto y poder sacar así algún dinero más.
En la hoja local, el imparcial tacarano se llamaba desde que tengo uso de razón, verdadero tablón de anuncios y libelo, sorprendentemente siempre oficial, se podían leer anuncios clasificados del tipo: "Vendo esclavo negro, cocina la yuca y trabaja la tierra", junto con anuncios de “vendo embarcación inglesa con curvas de algarrobo en quilla y codaste, roda de curupay y planeros de roble, viraro e incienso, cubierta de petiribí y tornillos de acero inoxidable”. Ni que decir tiene que siempre preferí los segundos.
Los esclavos negros, como digo, andaban por Tacará generalmente muy mal vestidos, sin ningún criterio y amor al buen combinar de colores y tejidos, con chaquetas y pantalones de bayetón, por lo general descalzos o con ojotas de cuero de cerdo. En mi familia, llevábamos a gala ataviarles con las sobras de los armarios, con lo que solían andar muy ufanos pero algo ridículos con sus pantalones muy largos o muy cortos, según la línea concreta de la herencia que hubieran en suerte.
Cosa distinta eran los indios que se empleaban en las minas de oro y plata de las sierras, pues deben saber en Tacará se llamaban sierras a montes de tres kilómetros, y para cultivar el ganado. No gozaban de ningún derecho, es cierto, pero no eran formalmente esclavos. Eran vasallos del rey de España pero no gozaban de ninguno de los beneficios de la ley. A estos se les tenía prohibido andar a caballo, sentarse en misa, frecuentar teatros y aunque se les pagaba por su trabajo, siempre eran unas pocas monedas de miseria. Indefectiblemente las gastaban en pulco o chicha y andaban, pues, siempre borrachos cuando libraban, que era lo más, un rato los domingos.
Los criollos de Tacará no tenían los mismos derechos que los españoles de la península y esto siempre marcó a fuego un odio violento y sordo hacia el gallego que tenía una buena parte de envidia mal disimulada. Se daba el caso de que las familias de mayor empaque mandaban a las jóvenes casaderas a España de la que regresaban en la medida que trajesen primogénito nacido en la madre patria. Nato o en preñez, que tanto daba. Las clases privilegiadas de Tacará estaban llenas, por tanto, de segundones criollos que antes y sobre todas las otras cosas, odiaban a sus hermanos mayores de pura raza.
Como vemos era la Tacará de mi infancia y mocedad, un hervidero de odios, resquemores y tumores que no daban la cara. La clásica bombonera putrefacta, para entendernos pronto.

lunes 11 de enero de 2010

La Dilapidada Vida de Simón Cuchito (Capítulo 2)

Debía tener alrededor de los diecisiete años cuando interioricé que el resto de mi vida discurriría entre mujeres de gran tonelaje dedicadas a jugar a la lotería, a las prendas o al tonto y hombres estuprando doncellas zambas que se suponían las mejores en aquello de las artes amatorias.
Mi familia era tan numerosa como cualquier otra y obviamente, mi matrimonio había sido acordado con una de las Sinforosas de los Oquendo del barrio nublo. Ni bien, ni mal. Simplemente no se cuestionaban las cosas. Y yo no era una excepción. Era un pez nadando limpiamente en un mar de mediocridad.
Mi tío José María era un ejemplo perfecto de la producción viril del Tacará de clase alta. Eternamente con casaca y chaleco, zapatos con hebillas y bastón de viraro. Hombre de costumbres, sin fallar un solo día, después de la imperdonable siesta, a eso de las cinco de la tarde, las tiendas se abrían de nuevo y mi tío aparecía lustroso entre los paseantes por el puente de los tajamares, y como buen ave lira conversaba alegremente con quien tuviese la desgracia de sufrirle de las guerras contra Inglaterra, noticias de las Españas o los sucesos más importantes que ocurrían en Tacará, que bien podían ser el embarazo de la primogénita del rector del Cabildo o de las tercianas del cura de Nuestra Señora de las Angustias. La conversación de mi tío solía discurrir fluidamente entre comentarios en francés y alguna interjección británica. No en vano era un antiguo alumno de los dominicos de los pocos que había continuado estudios en Lima y era capaz de soltar sandeces en tres idiomas.
Esta coplilla de los estudios de mi tío bien merece una pequeña alteración de mi historia porque toca de lleno una de las grandes fisuras en Tacará, algo que dividía con más profundidad que la sangre y que se enconaba con más facilidad que los líos de honor. Porque en parte, de ello se trataba.
Tacará, en lo que se refiere a la clase alta, se dividía entre alumnos de los dominicos y alumnos de los jesuitas. A fines del siglo XVI, los dominicos fundaron el Colegio de Santo Tomás y posteriormente los jesuitas el de San Miguel. Inicialmente se impartían clases de latín, filosofía y teología. Pero posteriormente ambos colegios fueron elevados a la categoría de Universidades Pontificias y pugnaban por formar a las clases laicas y seglares. Solo, obviamente a los hombres, porque las mujeres privilegiadas recibían instrucción en los conventos de monjas, donde aprendían a leer, escribir, bordar, cocinar, cantar, e incluso, Dios nos libre, a bailar.

martes 5 de enero de 2010

Apunte para una novelita por entregas --- La Dilapidada Vida de Simón Cuchito: (Capítulo 1)

Supongo que para comenzar de manera correcta debería hacerlo en orden cronológico. Del inicio al fin. Ese del que, creo, me encuentro cerca ahora.
Y si hablo del principio debo hacerlo de mi ciudad, de Tacará. La muy noble y muy ridículamente pomposa ciudad de Tacará. Plagada de campanillas y pronta al olvido y al descrédito.
La Tacará del Norte, que así se llamaba antaño, fue siempre ciudad aislada, roqueña y un punto desabrida. Cierto que las comunicaciones fueron siempre precarias y que eso no ayudó en nada, pero no era menos cierto que la propia ciudad no tenía demasiadas ganas de relacionarse con nadie y mucho menos de intimar con gentes desconocidas que presuponía advenedizos y ganapanes. Tan sólo a fines del siglo pasado ese aislamiento fue cediendo gracias al ferrocarril, a algunas carreteras que la pusieron en contacto con el río Magdalena y a través de éste con la costa Caribe.
En aquellos años, imagino que sería la década de los sesenta, varios escritores de diversas tendencias pero unificados por su evidente falta de talento, se agruparon alrededor de la revista Talismán, fundada y dirigida por el ilustre y plúmbeo don José María Araujo y Vergara. Este y no otro para mi desgracia, fue mi señor tío, el hermano pequeño de mi madre que Dios guarde. Si le place.
La vida cultural de la ciudad se concentraba en las tertulias literarias que durante el lejano siglo diecinueve permitieron a los tacaranos compartir sus inquietudes literarias, políticas y asistir al tiempo a mediocres presentaciones musicales y de obrillas dramáticas a cual más pretenciosa y fútil.
En el Teatro Maldonado se llevaban a cabo representaciones de teatro cómico y de ópera que indefectiblemente era italiana y ya a finales del siglo XIX Tacará contaba con dos teatros importantes: el Teatro de Cristóforo Columbus, inaugurado en 1892, y el Teatro Municipal, inaugurado seis años después, que ofrecía zarzuelas, revistas musicales y en carnaval alguna opereta picantona que recibía críticas unánimes y llenos absolutos a partes iguales. También, no es menos cierto, fueron escenario de importantes pasajes de la historia nacional durante las décadas siguientes, amén de servir de prestado tálamo para los amoríos y escarceos impropios de tres generaciones de tacaranos.
Durante los años siguientes, a pesar de los constantes levantamientos, algaradas y guerras civiles que alteraron el normal desarrollo de la nueva república, en Tacará se conservaban las tradiciones y costumbres que se remontaban a la época colonial, combinadas con algunas nuevas influencias europeas. En las reuniones y en las tertulias se impusieron ciertas comidas y refrigerios: el chocolate con colaciones y dulces elaborados en las casas se servía en las noches de otoño, y el ajiaco se convirtió, asimismo, en el plato típico. En las veladas nocturnas se tocaba torpemente en el piano las piezas musicales de compositores locales, y en las reuniones más numerosas se bailaba el pasillo, una forma de vals rápido llamado así por los pasos cortos que se daban al ejecutar la danza y que alcanzó categoría de locura colectiva en algún momento. Todo era increíblemente provinciano y absurdo, pero forma parte en cierta forma de lo que soy y no puedo dejar de sentir cierto cariño.
Y así, en estas ñoñerías y otras parecidas que mal recuerdo, malgasté los primeros veinte años de mi vida.

domingo 20 de diciembre de 2009

Generalidad XLX

La exigencia de disponer de certidumbres es algo consustancial al ser humano, pero no deja de ser un vicio intelectual que nos ha llevado como especie a cometer increíbles y dramáticos errores.
La propia búsqueda del conocimiento, de la filosofía en sentido etimológico, se basa precisamente en la creencia de que el conocimiento es bueno, aunque lo que se conozca sea doloroso.
Tal vez lo correcto sea admitir sencillamente que hay espacios en blanco en el mapa del conocimiento, sin caer en los extremos del dogmatismo y del escepticismo que son, en cierto sentido, filosofias absolutas ambas. Una está segura de saber y la otra de no poder hacerlo en absoluto.

Generalidad XLIX

Los cambios en las sociedades son tecnológicos, o en un sentido amplio, científicos. El progreso es, necesariamente, ético.
Hablamos de como dominar lo que nos rodea y de que hacer después con ese dominio y con las consecuencias que se derivan del mismo.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Generalidad XLVIII

En nuestras sociedades son bien conocidos los procedimientos de exclusión.
El más evidente y el más familiar, por lo cierto, es la prohibición.
Se sabe desde bien temprano que no se tiene derecho a decirlo todo; que cualquiera no puede hablar de cualquier cosa. Son, en fin, los tres elementos clásicos: El tabú del objeto, el ritual del contexto y el derecho exclusivo o privilegiado del sujeto que habla.
Las redes sociales manifiestan todos ellos aunque en apariencia de manera inexistente o al menos, confusa.
Pero lo vivo, tozudamente, sigue estando fuera. Y ellas son solo un remedo por más que nos empeñemos.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Antecede XXXI (Ego-Teselas)

Al final del día he abierto Google más veces que el frigorífico. Hace años que solo visito las iglesias en actos sociales o visitas turísticas. El nivel intelectual de las propuestas políticas que nos rodean me parece una broma. Estoy más cerca mentalmente de la generación que nació en los ochenta que de la mía. Uso mi televisión fundamentalmente como un gran monitor. Ya casi no escucho música en la radio. No me gustan los móviles con antenas. Quevedo es el mejor escritor que ha existido jamás en castellano. Hacer el bien es un principio claramente egoísta y práctico. Ya no sabría vivir sin internet. Solo voy a los bancos cuando tengo problemas con las tarjetas. Hace meses que no compro discos. No me gustan los toros, el futbol o el flamenco. España me parece, en demasiadas ocasiones, llena de paletos. Adoro cuando mis hijas me dicen que me quieren. No podría vivir sin cine o sin música. Tengo más amigas que amigos. Detesto a los franceses, pero me encanta su país. Me gustaría volver a ver a mi padre para decirle que tenía razón en muchas cosas. No creo que los norteamericanos sean tan idiotas. Las mujeres con falda tienen mucho ganado conmigo. Los productos de Apple me parecen geniales, pero creo que, últimamente, están renovando la oferta demasiado deprisa. No creo que el pop español actual sea peor de lo que fué en los ochenta; creo que, sencillamente, quienes lo dicen no escuchan música desde los ochenta. Mi mujer es la mejor persona que he conocido en mi vida. Navegar es lo mejor del mundo para olvidarte de él. Ir a Mediamark o al PC City es para mí un peligro. No todo da lo mismo, no todo vale igual. Me importan un huevo las tendencias religiosas o sexuales de la peña, las políticas me interesan algo más. Me jode y me entristece un poco admitirlo, pero creo que Dios no existe. Hay cosas íntimas que podrían hacer daño a personas que quiero y no pienso ponerlas aquí. Las últimas aportaciones intelectuales válidas se hicieron en la década de los setenta. No trabajaría de la manera en que lo hago si fuera rico. A veces envidio tener muchos más años y estar fuera de las cadenas del sexo. Cada vez uso más los grandes centros de destockaje y las rebajas. La segunda guerra mundial la ganaron los que iban peor vestidos. La democracia produce excesos. La cultura, en general, está al nivel de los libros de bolsillo que venden en los aeropuertos. Me encanta el Decathlon. Si las cosas se repiten un número suficiente de veces, existen. Soy de Playstation. Hay muchos que debieran ser menos bocazas o menos imbéciles o menos lo que sea; otros simplemente debieran no ser. No sé cómo definirme políticamente. La T4 no funciona tan mal como dicen, pero da tono decirlo. La mentira es un arte que facilita la convivencia. Uso el móvil porque me lo paga la empresa, pero lo que me gusta de verdad son los sms. Los inmigrantes no copan las urgencias ni nos quitan el pan de la boca. Me resulta ridículo tratar de diferenciarse del resto hablando idiomas de aldea, pero el colmo de la bobada es cuando lo hacen universitarios que dominan tres idiomas de primer nivel. Los adolescentes tal vez no beban más, pero beben peor. Detesto profundamente lo cutre. En Star Wars soy claramente imperial. Me gusta la opera y el krautrock, y no veo problema en ello. Prefiero unas buenas piernas y un buen culo a un par de tetas. Detrás de muchas mentiras suele esconderse el miedo. El que la política esté copada de personas con el puesto de trabajo en propiedad no es casualidad y es un error para la gestión de lo público. Amar es más difícil en tiempos en los que la moral significa poco y ha perdido su sentido de ordenamiento social. El sexo y el amor suelen, por lo general, ser cosas distintas. Me confieso enamoradizo. Ikea es uno de los mejores modelos de negocio que he visto jamás. Aprendo más en blogs que en revistas especializadas. Me gustan las motos, pero me dan miedo. No creo que vuelva a comprar un Volvo. Cocinar pasta es una de mis especialidades. Las empresas no valoran la fidelidad y son miopes en el agradecimiento de los servicios. Me encanta Italia. Y las italianas. Las mujeres son más listas, pero se putean en el trabajo entre ellas mucho más que nosotros. Querer a alguien es verle proyectado en tu futuro. Me gusta Muchachada Nui. Colecciono versiones cinematográficas de dramas de Shakespeare. Me he llevado mejor con mi madre cuando he dejado de vivir con ella. Me encanta cogerme un buen punto de vez en cuando. Muchos colectivos homosexuales se autoexcluyen. España es una idea mental que existe en cualquier lugar donde haya un Corte Inglés. Nunca he mandado un mensaje de móvil a ningún programa de televisión. Hago pellas en el curro siempre que puedo. Y no es demasiado dificil. El acceso al adsl en España es una puta vergüenza, Casi todos los profesores que tuve en la universidad no merecían enseñar en ella. La mayoría de los matrimonios que conozco no valen nada. Soy más sensible y más niño de lo que me gusta asumir. No controlar las situaciones me incomoda. Cada día me gusta menos Microsoft. He aprendido de muy pocos jefes y casi todos han resultado ser gilipollas. Tengo varias historias inconclusas en mi vida e imagino que por ello, pendientes. Cuando vuelvo a Valladolid me parece más pequeño que antes, y mucho más provinciano. Doy mucha importancia a lo estético y a lo físico, es posible que demasiado. La estupidez me irrita, pero lo que de verdad no puedo soportar es la grosería. El mejor compositor pop que tenemos en Europa se llama Franco Battiato. El nacionalismo suele esconder provincianismo o incluso “pequeñismo”. Las rubias no son tan tontas. Y los gordos no son siempre bienhumorados. Cada fin de semana suelo correr veinte kilómetros. El whisky japonés es uno de mis últimos descubrimientos. Bergman es genial. La televisión era mejor cuando teníamos solo dos canales.
Esta no es toda mi verdad. Y ni siquiera es todo verdad.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Antecedente XXX (El vértigo suicida II)

A menudo confundo el amor con la mera vanidad.

lunes 14 de septiembre de 2009

Antecedente XXIX (El vértigo suicida)

Hay cables de alta tensión que últimamente vengo en acarciar.

viernes 4 de septiembre de 2009

Generalidad XLVII (by BORGES)

CLASIFICACIÓN DEL MUNDO ANIMAL

pertenecientes al Emperador,
embalsamados,
amaestrados,
lechones,
sirenas,
fabulosos,
perros sueltos,
incluidos en esta clasificación,
que se agitan como locos,
innumerables,
dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello,
etcétera,
que acaban de romper el jarrón,
que de lejos parecen moscas.


(Emporio celestial de conocimientos benévolos)

miércoles 26 de agosto de 2009

Generalidad XLVI

¿Para cuando la ansiada igualdad?
Reclamo cuanto antes la investigación con células padre.

miércoles 29 de julio de 2009

Generalidad XLV

El poder se comporta como el fuego en una chimenea. Calienta en exceso si estás cerca, pero en cuanto te alejas un poco, su influencia decae.
Rápida. Muy rápidamente.

jueves 23 de julio de 2009

A los almantecados les llaman madalenos

Dimas el cabezacubo fumaba la faria con displicencia, con la pava colgada fría en el labio inferior. El patriarca de los Pichita miraba la letanía de público que atestaba su casa con la resignación y al tiempo, la ausencia de incomodidad que sería razonable esperar.
Petra, la hija mayor de los guardeses de la casa del lobo se acercó a dar el parabién.
- Don Dimas, que sea enhorabuena, abuelo otra vez.
- Abuelo o padre, que sabe nadie.
- Jesús, que cosas tiene.
Las hermanas coritas, solteras y virgos con razón rieron nerviosamente la ocurrencia. Pedro Pablo, el hijo del Dimas y a la sazón, padre civil del retoño escuchó la salida y disculpó con la sabiduría milenaria del que pace en tierras que han pisado cientos como él, pero antes que él mismo.
- Mientras yo llegué y la tenga libre…
Cerca el Saturio, entre la prole que gritaba bajo las patas de las sillas, se quejaba de los dineros en impuestos que pretendían cobrarle en el catastro capitalino.
- Y no me dicen los hijos de puta que tengo que pagar por las tierras. No tienen ni puta idea. Lo que digo yo, ni puta idea y una mala sombra que pa qué. Lo que le decía al memo que vino a la casa, que yo no tengo tierras, coño, que en el predio todo el mundo sabe que tengo olivos, el olivar que heredé de mi tío. Que leches de tierras.
Los hombres asienten silenciosamente en el entendimiento de la injusticia que viven colectiva y apuran al tiempo las palomitas y los solisombras.
Tras la cortina gruesa de colores vivos, tres comadres ajenas al tema, cuchichean de la noticia que conmociona en tanto al pueblo.
- Lo que yo digo, que vas a hacer si te toca.
- Si te toca te toca y es de Dios
- ¿Pero te lo contó así?
- Como te lo estoy diciendo a ti. Abrió la puerta y le vio los ojos desencajados. Sin mediar palabra le escondió en el desván. Había hecho una muerte en la Roda por lo que dicen. Lleva una semana.
- Lo que digo, si te toca te toca
El sol dejaba el muladar socarrado y como sin sombras. Todo era de un blanco excesivo y sin color. Las cigarras se hacían presentes con su monserga y los saltamontes golpeaban las perneras de los pantalones al andar.

(Justo, gracias por el atraco)

martes 14 de julio de 2009

Antecedente XXVIII

Desde que no nos vemos cambié de empresa tres veces y tras de mí se han hundido dos de ellas. No fuiste demasiado lista y por momentos, tenías tendencia a ser bastante puta, cosa que en determinadas ocasiones me encantaba, he de decir. Y aunque me debas algo de dinero, ni me acuerdo y, para serte sincero, no es lo que lamento hoy.
Antes no solía ir a restaurantes y me daba vergüenza hacer la elección cuando iba con mi ex de toda la vida y ella estaba tan radiante que solo podía mirar sus piernas. Ahora, con esto de la crisis, estoy buscando los que conservan estrellas Michelin que me lo ponen mucho más fácil que antes. No volvería atrás, tampoco es eso, pero sí que me gustaría recuperar algo. ¡Pues claro que quiero todos los bollos!
Cuando mal dormía acompañado en aquella cama de metro treinta y cinco, apenas había cogido un avión (para ser sinceros la primera vez que lo hice fue a Roma con Juacules el Magno). Ahora tengo la tarjeta plata de al menos dos compañías, me saludan en los controles de la T4 y reconozco que vivía mejor antes. En ciertos aspectos todo era más sencillo.
Cierro los ojos y me los froto. Veo la sangre de mis párpados transformada en estrellas rojas y en extrañas imágenes que os cuento para que riais conmigo o de mí, que tanto da.
Dios cortándome el flequillo con las manos saliendo de una nube.
Un rey apartando el armiño para mear cómodamente tras el trono.
Un albatros bailando el foxtrot o algo parecido.
Un melón invernal pasando las calendas entre putas y muy putas.
… … …
Espero que todo termine pronto.
Y rápido. Y lo más indoloro que pueda ser.

Generalidad XLIV

Hay tantos rastacueros a mi alrededor que no sé por dónde empezar a repartir estopa.

viernes 26 de junio de 2009

Generalidad XLIII

Las grandes corporaciones y la política internacional están llenas de gilipollas y de ternes mentales. Pero acostumbran a hablar bien el inglés.

lunes 8 de junio de 2009

Generalidad XLII

La política es en nuestros días un género menor, pero ciertamente divertido, del café teatro.

domingo 31 de mayo de 2009

Antecedente XXVII

Soy afortunado. Comienzo a olvidar más buenos momentos de los que muchos de los que me rodean han vivido nunca.

jueves 28 de mayo de 2009

Antecedente XXVI

Soy un gas noble. Y lo de noble, vaya sin grandilocuencia. En condiciones normales soy claramente monoatómico o cosa parecida, en las fiestas de guardar llego a inodoro, a la caida de la tarde incoloro y presento una reactividad química muy baja.

Pero en contacto con los elementos adecuados el punto de fusión y el de ebullición se encuentra muy próximo.

Tal vez demasiado.

lunes 18 de mayo de 2009

Generalidad XLII

La monotonía es un anticipo de la muerte.

viernes 8 de mayo de 2009

Generalidad XLI

Cada hombre es un egoísta; quien deja de serlo aunque sea parcialmente se convierte en un objeto para los otros.
El que pretende que no necesita serlo, aunque solo sea parcialmente, es un emboscado y hay que temerle.

domingo 3 de mayo de 2009

Generalidad XL

Los idiotas no tienes festivos. 

(... en América, feriados)

Generalidad XXXIX (feat. "Of Canada")

El pasado es un animal grotesco.

lunes 27 de abril de 2009

Forty Nuts (perhaps chestnut)


Cuarenta castañas, my friend. Hay que joderse. No me lo creo, no me siento como se supone que debería sentirme. Aunque es cierto que si volvemos la cabeza, empezamos ya a ver mucho trecho tras de nosotros. El vértigo, el abismo, la nostalgia…

Pensando en voz alta, la nostalgia no deja de tener, al menos en apariencia, dos partes fundamentales: Un poco de miedo a envejecer y sobre todo, una pizca de constatación de que vamos dejando cosas detrás que ya nunca serán. O que serán de otra manera menos agradable. Y eso no mola nada, porque nos lleva a lo primero, el miedo a envejecer, a morir, al tiempo que huye, a dejar de ser y ya está. ¿No decía Virgilio aquello de que el tiempo pasa irremisible, intensamente?

Ahora que lo pienso, tal vez por eso amemos la belleza. En realidad, necesitamos de la belleza. O al menos sea una buena explicación para ello. Porque lo bello escupe a la cara a lo viejo, a lo imperfecto, a lo decadente. Lo hermoso no necesita del tiempo, es eterno, es inmanente, no necesita traducciones, es más, no necesita ni de idiomas. Es impositivo, es terrible en su contundencia. Y además de lo anterior, la belleza es la felicidad. Pero no una, sino muchas de las felicidades posibles. Y confieso que también me pesa saber que a la mayoría de ellas también las he dejado atrás. Y me deja físicamente un nudo en las tragaderas ver que no experimentaré nunca su sabor. Y ver o creer ver al menos que el sabor habría sido dulce y que no lo sabré nunca. Ya no lo comprobaremos nunca. Esta es una de las claves de hacerse mayor y de madurar. Y una de las cosas que nos unen es que compartimos algunas de esas felicidades posibles. Y tenemos varias opciones (siempre las hay): Dejar correr el tiempo. No desvelar la cortina. No importarnos si lo que has dado la espalda todavía alienta o ha muerto. Comprobar lo obvio, que la vida se impone y que las felicidades, en minúscula o en capital arial, al final surgen entre los rescoldos. Constatar que los corazones aunque puedan romperse suelen estar hechos de corcho y felizmente, terminan flotando. Aunque sea entre las aguas de una sentina y claro, con esto último se pierde una de glamour que no veas.
A los diecinueve todos solíamos enamorarnos de quien no podíamos y desde luego, de quien no debíamos. La sinceridad ya comenzaba a no ser obligatoria para nadie, pero aún no estábamos jodidos del todo porque la peña tiende a ser sincera si se reconoce aferrada a la belleza. A cualquier tipo de belleza. Ahora, a lo más, somos místicos de salón y tal vez por ello se nos olvidó como tratar las penas ajenas. Al menos a mí.
Tras las hogueras, quedan finalmente trozos de carbonita, tan brillantes, tan escasos, pero tan pulidos y rotundos que da gloria verlos. No habrá mucho de mí, pero lo que quedará sera mucho mejor, mucho más duro, mucho más aquilatado.
Y sobre todo lo anterior, por encima de todo, estamos aquí, todavía estamos aquí. Y somos el tiempo que se nos ha dado, el que hemos vivido y el que nos quede.
Cuarenta castañas, my friend. Take a drink. A mi salud, güey. A la vuestra.